The magic of speaking the same language (without saying a word)

The magic of speaking the same language (without saying a word)

El otro día me quedé observando una escena preciosa en casa. Había peques de edades súper distintas reunidos y cada uno estaba a lo suyo, con sus ritmos y su manera de expresarse.

Pero fue sonar una melodía pegadiza y, en cuestión de segundos, algo cambió.

El mayor empezó a hacer los gestos con ganas, el más pequeño se unió intentando imitar los sonidos y los adultos terminamos tarareando el estribillo casi sin darnos cuenta.

Me encanta ver cómo la música tiene ese superpoder. Da igual la edad que tengas, si hablas más o menos, o en qué momento del desarrollo te encuentras: cuando suena una canción, las diferencias desaparecen y nos pone a todos a la misma altura.

Lo más bonito es que no hace falta entender cada palabra para disfrutarla. El ritmo, la melodía y la emoción nos atrapan primero. Y, casi sin darnos cuenta, mientras nos reímos o hacemos gestos, el cerebro va guardando la entonación, las sílabas y esas frases completas que luego se quedan para siempre.

La música une, nos conecta y nos enseña a todos. Al que cree que ya lo sabe todo y al que todavía está descubriendo el mundo. Sin exigencias, sin prisas y disfrutando del mismo momento juntos.

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