La desigualdad que empieza con las palabras
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Hay una desigualdad que empieza mucho antes de la escuela…
y que, aunque no crezca, muchas veces se queda.
Pasa en el día a día.
En las palabras que escuchan.
En cómo hablamos con ellas y con ellos.
Porque no todas las palabras hacen lo mismo.
Hay palabras que sirven para organizar el día:
“Ven.”
“Come.”
“Ponte la chaqueta.”
Y hay otras que abren el mundo.
Las que cuentan historias.
Las que hacen pensar.
Las que invitan a imaginar.
“¿Cómo crees que suena la lluvia?”
En los primeros años de vida, todo esto pesa mucho más de lo que parece.
Porque es aquí donde empiezan a construir su manera de entender, de explicar y de conectar ideas.
Esto suele pasar en momentos muy pequeños, cotidianos.
En casa, por ejemplo, hay un momento que se repite casi cada noche, y seguro que te suena.
Leemos un cuento… y cuando termina, siempre llega el: “¿Otro?”
No siempre tenemos energía para uno más. Así que en casa tenemos un pequeño ritual: el “cuento de voz”. Apagamos la luz y contamos una historia que ya conocen… pero solo con la voz.
A veces es el mismo cuento que acabamos de leer. Otras veces acaba siendo una canción que me inventé cuando eran pequeños y que aún hoy me piden.
Lo curioso es que, aunque sea la misma historia, nunca sale igual.
Cambian las palabras.
Cambia el orden.
Aparecen detalles nuevos.
Y sin darnos cuenta pasa algo muy bonito: descubren que una misma historia puede contarse de muchas maneras. Que el lenguaje es flexible. Que las palabras también se pueden jugar.
En Petit Folks trabajamos desde aquí.
Con canciones, rimas y juegos que amplían este lenguaje de forma natural, mientras compartís momentos juntos.
Porque lo que pasa en estos primeros años…
no siempre se ve, pero sí se queda.
Si quieres seguir jugando con el lenguaje en casa,
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