Más suelo, menos pantallas
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A veces tratamos el juego como el "postre" del día: primero las tareas, la rutina, el orden... y si sobra tiempo, que jueguen.
Pero en los primeros años, el orden de los factores sí altera el producto. El juego no es el descanso del aprendizaje; es el aprendizaje mismo.
Un cerebro infantil no está diseñado para aprender de forma pasiva mirando una pantalla estática. Necesita el cuerpo. Necesita gravedad, caídas, texturas, movimiento y contacto visual. Cada vez que cantan saltando, que coordinan un movimiento con el ritmo o que exploran un objeto libremente, su corteza cerebral está en pleno neurodesarrollo.
La música activa esta maquinaria de forma integral: conecta la emoción, el oído y el aparato motor a la vez.
Por eso en Petit Folks insistimos tanto en que nuestros materiales se toquen, se muevan y se compartan. Menos ojos fijos en un cristal reflectante y más manos en el suelo explorando el mundo real.