Confesión: No todo es Mozart en esta casa
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Parece que si no pones música clásica en el salón mientras preparas la merienda, estás privando a tu peque de un desarrollo cognitivo premium.
Pues vengo a desmontar el mito: el cerebro de tu peque no necesita una playlist sofisticada y silenciosa. Necesita una experiencia musical viva.
Musicalmente, da igual si es una melodía tradicional de Petit Folks, una canción pop que suena en la radio mientras bailáis en la cocina, o ese tema pegadizo que te pide poner por cuadragésima vez en el coche. Lo valioso no es la complejidad de la partitura; lo valioso es lo que pasa entre vosotros mientras suena.
Si hay miradas, si intentan anticipar la letra, si mueven las manos o si os reís de un error, la magia neurológica ya está ocurriendo. La música une lenguaje, emoción y ritmo, independientemente del género.
Así que aparquemos la culpa y disfrutemos de la banda sonora real de casa, sea cual sea.