Un manifiesto a favor de "no tener nada que hacer"
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Hoy quiero compartir una certeza: aburrirse no es un problema que haya que resolver corriendo. De hecho, es precisamente en esos momentos en los que no tienen nada preparado para hacer cuando aparece la iniciativa propia.
Cuando un niño se aburre, su cerebro tiene que buscar qué hacer. Y es ahí donde aparecen la imaginación, la creatividad, las ideas y el juego inventado por uno mismo.
Pero vivimos rodeados de juguetes que hablan, hacen luces, cantan o toman todas las decisiones. Pulsan un botón y el juguete hace el espectáculo. No dejan mucho espacio para que el niño decida qué quiere hacer, cómo quiere jugar o qué quiere imaginar.
Y cuando el ruido se apaga, en lugar de correr a llenar ese vacío, podemos dejar que aparezca el famoso «me aburro». Porque es precisamente ahí donde puede empezar algo interesante.
Por eso, en Petit Folks creemos que no hace falta llenar cada momento de estímulos. Y también creemos en una forma de jugar que deje espacio para que el niño sea el protagonista.
* Menos pilas, más creación: Cuantas más cosas hace un juguete por sí solo, menos iniciativa tiene que poner el cerebro del niño. Un juguete no tiene que hacerlo todo: tiene que dejar espacio para que ellos hagan, imaginen y creen.
* Más juego compartido: Cuando un juguete no hace todo el espectáculo, aparece el adulto. Una canción, una voz, una mirada, seguir un ritmo, esperar el turno… El juego se convierte en un momento para estar juntos.
* Materiales sencillos, posibilidades infinitas: El juego más valioso no es necesariamente el que tiene más efectos especiales, sino el que permite que cada niño ponga su imaginación y lo haga suyo.
No hace falta llenar cada minuto. A veces, lo mejor que podemos hacer es dejar un poco de espacio para que no hagan nada. Porque es precisamente ahí donde pueden empezar a imaginar, crear y descubrir qué les apetece hacer.
En Petit Folks apostamos por una forma de jugar con música, materiales naturales y tiempo compartido.